Pablo Neruda: La palabra

"…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen…" de Pablo Neruda: LA PALABRA

17 feb 2014

SENDAS CARTAS (una para cada una de las cuales)

La portera recibió del cartero la correspondencia y como era habitual, la distribuyó prolijamente en los casilleros que a esos efectos estaban colocados al pie de la escalera del edificio.
Un poco chismosa, o por esa incontrolable manía de los conserjes de conocer arte y parte de los ocupantes de cada departamento, no dejó de advertir que esa carta en particular provenía del norte del país y recordó al instante que la remitente era aquella muchacha que vivía en el tercer piso, en el tercero B.
Mirá,  pensó maliciosa, con que estas dos eran amigas o vaya a saber qué, ¡y con esa carita de mosquita muerta, quién lo hubiera dicho!  Claro que se refería a la remitente, no a la señorita Eloísa Moreno del tercero A, de quién sabía lo que había que saber.
Eloísa sacó el pequeño llavín que abría la puertita de su buzón, recogió los sobres y con agradable sorpresa descubrió la que le enviaba su antigua vecina. Me ha respondido, pensó, mientras recordaba el contenido de la postal que le escribiera en año nuevo, y subió al elevador con una tenue sonrisa que acompañaba también a un melancólico gesto.
Cuando llegó al tercer piso ya había leído al menos dos de las tres hojas y se quedó leyendo la última con una mano sosteniéndola  y con la otra- sin advertirlo- aferrada a la manija de la puerta plegable que ya había dejado entreabierta.
Fueron dos las razones de tal comportamiento: la ansiedad por saber porqué  su amiga le había escrito (sólo mantenían breves charlas telefónicas) y la otra porque tampoco recibía cartas de nadie, a lo sumo  pequeñas misivas de clientes, destinadas a concertar citas, porque por un tema de seguridad sólo las hacía por ese medio. Jamás le dio a nadie, salvo a Eli, su número de móvil.
Lo tenía por si alguna vez lo precisara de urgencia. Cuando por su trabajo necesitaba hacer una llamada telefónica, lo hacía en el público que estaba en la acera de enfrente, al lado del bar.
LA PRIMERA:
-“Querida amiga comenzaba diciendo, y luego, a continuación, le ponía al tanto de sus asuntos profesionales y le contaba también sobre su casa nueva, con estudio incorporado, y cómo eso le facilitaba una vida más tranquila, sin tantos desplazamientos, en una ciudad con tanto tráfico.
A propósito había dejado para el final los comentarios que tenían que ver con el tema de la postal.
“……y claro, te imaginas que no es para mí un asunto menor, en cuanto no lo es para ti, demás está decir. Más allá de que la cosa en sí misma es tema de preocupación para la mayoría de las personas, no todo el mundo tiene la valentía de compartirlo y menos de confesarlo.  Los solteros-genéricamente hablando- para no ser blanco de indeseables comentarios, y los en pareja para no sacar los trapitos al sol en asuntos que aparentemente deberían ser tema de dos, no de tres o vaya uno a saber de cuántos.
Me he alegrado mucho de tu paseo por el cielo, pero también siento  intriga por saber detalles: con quién; cuándo; y por sobre todas las cosas si se ha repetido.
Espero – si lo quieres hacer- me lo cuentes todo en otra carta, y no te olvides que debes  enviarla a mi nueva dirección. Te quiere, Mara.
LA OTRA:                       
“Querida Mara: tenía razón el que escribió ¡qué lejos los amigos y qué cerca! , pues es lo que sentí mientras te leía.
Además, me di cuenta de que extrañaba nuestras charlas en el bar.  Hacerlo por teléfono me cuesta, y esta alternativa se acerca más a la primera opción, al menos así me sucede, no sé a ti.
Te envié por una empresa de transportes un regalo para tu casa nueva (en realidad para el estudio), que creo que irá acorde a tu modo de decorar.  Lo puedes cambiar, porque es de una tienda que sé positivamente tiene sucursal allá donde vives.  Sí, sigo siendo una mujer práctica, como ves.
Bueno, al grano, que no te voy a dejar con la espina.  No te digo que había tirado la toalla, pero ya no me lo esperaba.  Tal vez allí radicaba todo.  El hombre era un tipo maduro, sin demasiadas urgencias y más dispuesto a disfrutar de su experiencia que simplemente de echarse un polvo más.  Y le dejé hacer.  Todo pasó en un tono apacible y confortable, y mientras él demostraba sus diversas formas de satisfacer a una mujer, sin apuro, yo podía desprenderme de mi actitud habitual y preferir disfrutar que hacer disfrutar. ¡maravillosa  experiencia!
Su habilidad consistía en saber de antemano sus limitaciones, y se dedicó a mí enteramente, reservando su momento para el final. ¡Un artista!  Siempre recuerdo que en un viaje de vacaciones en mi adolescencia, el padre de mi amiga nos preguntó si creíamos que el escultor encontraba la figura que había dentro del trozo de mármol, o, lo tallaba inventándolo.  Siento que tengo ahora la respuesta correcta.  Las dos cosas.  Él sacó lo que había latiendo en mi bloque, y además lo reinventó a su gusto y al mío. ¿Se entiende?
Por otro lado, la relación sigue, pero para tu información, con cama afuera, en su casa, no en la mía.  Si hay un futuro, tengo planes para él, si no, disfruto lo que tengo ahora.
Mi vida laboral no ha cambiado, sólo que separamos los territorios, porque él sabe que fue el primero y que será el único, pues se lo he hecho saber sin que le quepa la más mínima duda.  Soy una mujer acabada en el sentido más gratificante del término. Ja,ja,ja.
Te mando un cariñoso beso, y no descarto hacerme un tiempito e ir de visita. Eli
P.D: Buscá en youtube un tema “Teresinha” de Chico de Buarque ,y vas a entender totalmente lo que me pasa. Otro beso.

                                        Bernie5422

16 feb 2014

COMO BOTÓN DE CHALECO


Discretamente disimulada, la palangana de cerámica reposaba junto a la jarra de idéntico diseño, sobre aquél delicado mueblecito de madera oscura, recostado en la pared que quedaba a la izquierda, como yendo  al pequeño excusado.
Pequeño pero pulcro. Una ducha sin bañera, cortina de tela blanca, de seda, con pequeñas rosas bordadas en la misma tela y con el mismo blanco tiza, un gancho de cerámica de donde colgaba una toalla de baño, que sólo ella utilizaba, y otra haciendo juego, más pequeña, prolijamente doblada en dos y acompañada por el cepillo de pelo, el de los dientes, y el pomo de pasta dental.  Esos cuatro elementos en una repicita, justo debajo del espejo de marco  trabajado en relieve y todo pintado de dorado a la hoja.
Piso damero, sobrio y coqueto, en gris y beige, el mismo tono del estucado de las paredes y del encalado del techo.
Chico diría, menudo casi mínimo, el departamento terminaba en sus escasos 40 metros, en un dormitorio que se adivinaba detrás del biombo de madera -laqueado en un verde pálido-, que enfrentaba a la puerta de madera maciza que daba acceso a la vivienda.
Vivienda, en el estricto sentido de estar destinada a casa-habitación, no se podría decir.  No tenía cocina, por ejemplo.  Sólo un pequeño calentador eléctrico y los utensillos necesarios para preparar un té o un café, todo adentro de una heladera tipo frigobar, puesta en la pared opuesta al mueblecito de la palangana.
Colgaba del techo, justo encima de la cama matrimonial, un ventilador de techo con aspas de esterilla, que también armonizaban con el color de las mesas de luz y los tirantes de la cama.
Debajo de ella, en una gran caja, guardaba algún juego de cama y varios paquetes con fina ropa interior de varios colores y diseños.  Una frazada y algunas almohadas extras, en un arcón de madera con grilletes de bronce, al pie de la cama, terminaban el decorado.
¡Ah!, no, me olvidaba. Dos cuadros de paisaje, uno de campo y una marina, de buenos artistas nacionales, los dos a la misma altura, el mismo marco, y en la misma pared.
Casi decorado y diseñado como los que se pueden apreciar en esas revistas de interiores.  Sucede que para Eloísa o Eli -como le gustaba que la llamaran- era muy importante que ese lugar fuera muy acorde con sus gustos personales, pues pasaba allí la mayor parte de las horas del día o de la noche.
También tenía que dar una muy buena impresión a los que allí entraban.
Porque mire que entraban. Uno atrás del otro, como botón de chaleco, como dice el dicho (que es lo que hacen los dichos, por otra parte).  Es que ella era muy profesional, y eso se sabía.  Tampoco era muy elevado su arancel, pero seleccionaba, en lo posible, a sus clientes. Discreción y buenos modos.
Lo tenía claro.  Lo primero era aparentar satisfacción y gusto por estar con la compañía de turno, y su experiencia le había enseñado a no necesitar involucrarse emocionalmente con la otra persona.
Soltera y sin compromiso, Cerraba con doble llave al irse del trabajo, y hasta el otro día.  Así era como tenía planificada su vida laboral.  Separada por completo del resto, del que no nos ocuparemos por ahora.
Porque lo que sucedía dentro de ese departamentito, y lo que se vivía dentro de ella, sólo lo supe en detalle cuando sentadas en un café, me lo explicó todo, así como se los estoy contando a ustedes  ahora.
Vivía yo en el mismo edificio, puerta por medio, y un día, por esas cosas del momento, entablamos conversación, y a partir de allí, hablábamos todas las veces que podíamos, en una charla sencilla, pero franca. Por eso lo sé todo, o casi todo.
Eli comentaba de su trabajo sin tapujos, ni vergüenza social. En un idioma coloquial pero culto a la vez, descubría con detalle todo lo que fuera de mi interés, en el afán de enseñarme un poco más de la vida.  Porque miren que esa mujeres si algo saben es de la vida. Como en un confesionario, o en el diván del analista, comparten dichas y desdichas de muchas personas. Las conocen por dentro más que lo que pueden saber los que con ellos conviven a diario.
Hombres y mujeres por igual, claro.  En su trabajo no había discriminación ninguna, de ninguna clase.  Mientras fueran educados y limpios, cualquiera gozaba de sus favores- decía- entornando cómicamente sus ojos y con una sonrisa maliciosa en su rostro.
Una mujer bonita y sensual.  Siempre bien vestida, o por lo menos a la moda, y nunca dejaba de estar algo maquillada, muy discretamente, por otra parte.

Y bueno, lo que les quería contar viene ahora, pues aquél día yo, no ella, me pasé de la dosis de vino blanco, y derribando alguna barrera de discreción, me lancé a preguntarle de su vida personal, de sus sentires, de sus sentimientos, y de cómo los manejaba.
No dudó en responderme, porque más allá de todo, yo no representaba ningún peligro para su trabajo ni para su integridad personal, y que además -me dijo-  le unían a mí cada vez más, lazos de empatía y compañerismo. Además, éramos de la misma generación, y eso ayudaba.
Y hablamos de lo sexual, como era de esperar.  Era casi lo que más me interesaba saber de ella.  Y bueno, me contó de sus primeros pasos y de cómo había progresado en su labor, y de cómo se defendía (sí, defender era el verbo que utilizaba) del peligro de mezclar su trabajo con sus placeres.  Al punto de confesarme que no tenía novio, ni había tenido una relación amorosa en muchos años.
Lo que más me sorprendió de la confesión, fue que me contó que no sabía lo que era experimentar un orgasmo, que nunca le había pasado, pero que no perdía las esperanzas de tenerlo algún día.
Me quedé de una pieza, pueden imaginarlo.
Me confesó que lo que deseaba íntimamente, era que algún cliente, hombre o mujer, no interesaba, alguna vez, tuviese la delicadeza de tratarla como una persona necesitada de recibir, no sólo de dar, y con tal afecto, que le hiciesen olvidar su esmerado trabajo, y le permitiesen sentir y disfrutar del sexo sin fronteras.
Ese día nos quedamos fuera de hora, haciendo extras, conversando, hasta que cerraron las puertas del café. Le dije que sería un capítulo aparte en mi tesis  (cambiando nombres originales por otros de fantasía, claro) del doctorado de sociología que estaba a punto de finalizar, y me dijo que sí, que por ella, todo bien.
Desde aquél día, han pasado algunos años, yo me mudé bastante lejos de la ciudad por temas de trabajo, pero siempre supimos seguir en contacto.
Hace poco, para fin de año, recibí de ella una postal de esas grandes y muy dibujadas con un enorme ¡¡felicidades!! escrito al frente.  Al abrirla, en  medio de signos de admiración y corazones dibujados por ella, había escrito: conocí el cielo, por fin. No era como me lo había imaginado, era mejor. Un beso Eli.
Deposité en el buzón la carta, en donde le preguntaba si eso había en alguna manera cambiado su estilo y modo de vida, pero eso ha quedado sin respuesta  hasta el momento.
Probablemente sea buen material para un nuevo escrito que tengo en mente. De todas maneras, será con su permiso, no antes.  Eso también le decía en mi carta.
Bien, ya tienen bastante material para la discusión en el seminario.  La seguimos mañana.  Gracias

                               Bernie5422

8 feb 2014

¡ LEVEN ANCLAS !


Viaje del Parnaso es una obra narrativa en verso de Miguel de Cervantes publicada el año 1614 escrita en tercetos que cuenta el viaje al monte Parnaso de Cervantes y los mejores poetas españoles para librar una batalla alegórica contra los malos poetas.El poema cuenta un viaje literario, por geografías reales y míticas, en el que Miguel de Cervantes, montado en una mula, emprende la misión de reclutar a los mejores poetas españoles para librar una batalla contra los poetas mediocres. Para ello viajará de Madrid a Valencia, donde con ayuda de Mercurio, reúne un contingente de buenos poetas y se hacen a la mar en un barcoalegórico, hecho de versos, con destino al Parnaso, donde librarán una batalla contra los poetastros que pretenden tomarlo. En el viaje marítimo, partiendo de Cartagena, avistan GénovaRomaNápoles y consiguen pasar el peligroso estrecho de Mesina, entre Escila y Caribdis, deidades a quienes tienen que aplacar ofreciéndoles el sacrificio de Antonio de Lofraso, uno de los poetas embarcados. Finalmente, no se llega a arrojar al atemorizado poeta sardo y, tras encontrarse con un bajel de malos poetas, a quienes Apolo castiga utilizando la fuerza de Neptuno, que los hace naufragar (aunque su furia es aplacada luego por las artes amatorias de Venus), el ejército llega a la falda del monte Parnaso, beben las aguas de la fuente de Castalia y son recibidos por el propio Apolo, dios de la poesía.
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                                                                                                                                                                                                                                    ¡LEVEN ANCLAS!


                                                                                                                                                                   La poética barcaza se dispone a zarpar , y un poderoso y manco brazo en vilo señala el derrotero.
Como evocando el pasado glorioso del mas grande navegante de la mística bíblica, ha sido atestada de ejemplares -ejemplares únicos- poetas terrenales, prestos a librar la más fútil de las batallas: laureados poetas contra esmerados poetastros.
Endiosados por el éxito, apuntan también a obtener una épica victoria: impedir que las hordas de malos y fracasados escribas logren siquiera un abordaje a la invencible madre de todas las naves. La única embarcación nunca antes imaginada, capaz con sólo una fantástica armadura de estrofas, de vencer a cientos de miles de enemigos armados hasta los dedos con toda suerte de afilados grafos, que a modo de deficientes garfios, amenazan detener el inefable avance de los más encumbrados poetas, que rimando con todas sus fuerzas hacen parecer que la imponente embarcación más que navegar, vuela.
Pues de eso se trata.  Sólo con letras, pero dispuestas en elegante postura, transforman la basta realidad en una - no menos real- imaginada de tal modo que sea imposible disociar una de la otra.
Dotada fue ( la poesía ) de tal corteza, para resistir el paso del tiempo, y asimismo a los nuevos reformistas esquemas de escritura, en manos de progresistas guerreros.
De ahí su envidiable ventaja.
Lo que probablemente ignoraran los marineros-poetas, era que a la saga, en invisible chalupa, bogaban también los prosistas.  Ellos  aportarían a la fantástica argamasa un material imprescindible para construir juntos el templo al manuscrito. Excavado en algún lugar del monte, y al amparo del dominio de los dioses, habían logrado obtener un terreno virtual donde levantar su propio santuario.
Una nueva religión tomaba cuerpo.  Esta vez los dioses no emulaban formas humanas o terrenales.  La idea era no competir con los del Olimpo, sino rendir culto al idioma como ser supremo, y servir en sacerdocio a la fonética, la declamación, la rima, la sintaxis, la ortografía, al fraseo, y al parafraseo también.
Para no volver jamás, no quemarían sus naves, las desarmarían de tal modo que prosas y versos sirvieran para moldear pisos, paredes, jardines y paseos de tan mágico lugar.
Cada ventana  perimetrada con todas las letras del alfabeto, añadía como toque de creatividad, cada una un alfabeto diferente.  De esa manera se comunicaban unas con otras y no era preciso traducir nada.
Curiosas, las musas, rondaban alrededor, y como ilustres y deseados visitantes tocaban a su puerta de tanto en tanto.
Los de adentro, las dejaban pasar.
Doy con mi abarca un paso al costado, y dejo que aquellos que calcen mejores krepis , krepidois, minfides o embádes hagan camino al andar.  Continuará.........a buen ritmo, si así lo quieren los dioses.



2 feb 2014

LEYENDO A DON EPÓNIMO

·                    inSLos epónimos  (Del gr. ἐπώνυμος). extraído de google
·         inShareDesde la primavera de los tiempos el ser humano ha prestado especial atención a poner nombres a las cosas.  Ya el libro del Génesis destaca el hecho de que, durante la creación, Dios puso nombre a todo lo que iba creando (“llamó a la luz día y a las tinieblas noche”; “Dios llamó al firmamento cielo”; Dios llamó a lo seco tierra, y a la masa de agua llamó mares”, etc.).  La importancia que los hablantes dan al hecho de asignar nombres a las cosas ha dejado su impronta en el refranero español (“llamar a las cosas por su nombre”; al pan, pan y al vino, vino”, etc.).  El nombre de un objeto es, más que las características inherentes al objeto mismo, lo que nos sirve para identificarlo.  Así pues, no debe resultar sorprendente que se considere un alto honor dar a un objeto o a un lugar el nombre de una persona.
·         La mayor parte de cuanto nos rodea tiene un nombre que, por lo general, no obedece a ningún motivo lógico: no existe relación alguna entre el significante y el objeto mismo.  Pero hay un grupo significativo de objetos, procedimientos, actividades y conceptos que, por diferentes motivos, han sido nominados en honor de una persona, confiriendo al individuo un muy preciado galardón: una vida en el idioma perpetuada en diccionarios y enciclopedias.  Se trata de los epónimos.En definitiva, los epónimos ya no son héroes mitológicos que dan nombre a una tribu; hoy llamamos epónimos a los vocablos que derivan de nombres propios, ya sean personas de carne y hueso o personajes de la cultura popular, o incluso de lugar (hamburguesa, napolitana, polonesa).  Los personas y los lugares que sirven para crear nuevos vocablos tienen de este modo una nueva vida en la lengua.
·         El monte Parnaso toma su nombre del héroe epónimo………….

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                     LEYENDO A DON EPÓNIMO     (un aporte)                       

Le decían así por su especial afición a ponerle nombre a las cosas o a los lugares.
Y uno –o más de uno- se pregunta, ¿a quién se le habrá ocurrido ponerle ese nombre a tal cosa? O ¿por qué?
Bueno, muchas de éstas respuestas las tiene Don Epónimo.
Famoso Dios griego de la mitología olímpica, campeón olímpico en las artes de nominar, o denominar, que también vale.                                       No importa el diccionario que abran, o en qué lugar de ese santuario de palabras estén buscando, que podrán verificar que un sinfín de ellas provienen del griego. En particular de ese griego. Porque cuando leemos “…del griego tal cosa” asumimos que quieren decir que provienen del idioma griego, cuando la mayoría de las veces es del griego Epónimo, y no ponen el nombre de él para evitar ser redundantes o, respetuosos de los Dioses, no los nombran en vano. Por eso conjeturo que se las podemos atribuir -con poco margen de error- a nuestro antecesor lingüístico arriba mencionado.
Para los especialistas en fonética griega no resultará curioso el hecho de constatar que la e y la i –dependiendo del contexto- se pronunciaban de forma casi idéntica en aquellos tiempos.
Por ejemplo: Epónimo y Epónemo serían sinónimo o sinónemo (sin s, porque es singular).
Me imagino esta escena: Epónimo recostado en la ladera del monte pensando….¿ y a esta cosa que nombre l´ Eponemo?, o ya l´Eponimo?. Y de ahí salía todo. Para mí está de lo más claro.

Esto apoya la teoría que explicaría el origen de algunas palabras, o sea su etimología. Que no viene siendo nada más que el estudio o el tratado de la etimo, como lo indica el vocablo.  No sé si me explico.
Otra cosa importante era que a Don Epónimo había que tenerlo siempre de buen humor.  Así  decían los otros dioses.  ¡Que Don Epónimo no se nos enoje  -decían- porque si eso sucede se pone a inventar malas palabras, que después estarán en boca de chicos y grandes, o peor aún, en la mente de beatos y beatas que poblarán nuestro amado Parnaso.
Ruego inútil. No se sabe a ciencia cierta la cantidad de éstas que inventó cuando montaba (de monte, no de montar como se cree) en cólera. No es fácil el idioma, hay que estar con todas las luces prendidas, valga la redundancia.
Cuenta la mitología ( la griega, claro ) que por ese motivo fue echado del Parnaso , que era un Paraíso (como lo indica el prefijo ) y condenado a irse por la ladera meridional, que estaba bañada por la fuente Castalia.
Estaban los parias obligados a leer un cartel que decía: “Perded toda esperanza, ustedes los que se van”, escrito en griego, claro , y el barquero que te llevaba a la otra orilla era el mismo que te entraba si estabas en la fila (cola) adecuada.
Llevaba colgando de su cinto un gran aro de donde pendían todo tipo de adminículos apropiados para escribir, a saber: plumas de ave, lápices de grafo, lapiceras a tinta, Biromes (otro epónimo), trozos de carbonilla etc…destinados sólo a los que ingresaran al monte.

Aquél que quisiere continuar con esta historia, sólo tiene que pedirle prestado uno cualquiera, y ponerse a remar (escribir) si pretende llegar a la otra orilla. Bernie5422

31 ene 2014

EL DÍA DE LA MARMOTA.

El título es de película.  Todos los días sonaba el despertador a la misma hora de la mañana -a las seis- y comenzaba otra vez un nuevo día, pero sin pasar al siguiente. Todo lo acontecido se borraba, y la escena quedaba en blanco, para ser vivido ese día de forma diferente. 
Todos los actores, menos el protagonista, se habían olvidado de lo experimentado el día anterior, y sólo él lo recordaba. 
Tal el argumento de esa película que vi un par de veces.
Algo así pasa con los libros.
El que lo lee, cada vez que lo toma para seguir la lectura, recuerda los personajes y los escenarios al modo que lo hizo la vez anterior, en cambio los demás lectores afirman haber vivido otra cosa.
Cada lector lo imagina de modo diferente, lo que convierte a cada libro en una biblioteca inagotable, de innumerables personajes, todos con el mismo diálogo y con distinto aspecto cada vez, según sea el que lo tiene en sus manos.
Por eso debiera decirse que "he imaginado ese libro", más que "lo he leído".
También, tal vez mejor sería celebrar "el tiempo del libro", más que su día. 
A cada libro le llega su día a su tiempo, sería otra forma de expresarlo.
Sólo tiene que armarse de paciencia, y esperar que otras manos lo saquen del estante donde congela su existencia, para volver a escuchar el tic-tac y recobrar su vida después de cada hibernación. 
Me huele que he creado una linda metáfora con la que honrar por anticipado el tan mentado libro, y de paso sentir que -al menos despierto-no soy ningún marmota. Aclaro que no tengo nada personal contra el adorable animalito. Alguien lo tuvo. Bernie5422

29 ene 2014

Prêt-à-porter


La traducción más aceptada es " listo para llevar".  En la confección de ropa, esto significa  -esencialmente- que se ha hecho en serie, para el consumo en consecuencia.
Como me quedo siempre mirando las expresiones o las palabras -y éste momento no es la excepción- acabo de descubrir un término escondido en ésta.  Tal vez rebuscado, admito.  Rebuscado en el sentido de muy buscado, de buscado casi a propósito. Sabiendo de antemano que si uno pone la mente en esa sintonía, lo logra. De última es un ejercicio mental más, pero no por ello de menor jerarquía, no señor.   Bien, lo siento, es un vicio difícil de eliminar.  Por otra parte, algunos son muy disfrutables y no negaré lo que me gratifica -la más de las veces- estar enviciado. 
Si miran con atención, usando el traductor automático que cada uno tiene en la mente, descubrirán -como en esos acertijos de las revistas- que está escondida una palabra que te desafían a encontrar. En éste particular caso la he encontrado casi instantáneamente. Es el vocablo APORTE.
Si me pongo muy juguetón, hasta podría decir que la traducción franco-española sería "listo el aporte para ser usado", como una suerte de apócope. Prêt-àporter sería lo que quiero decir.
Vamos, no se pongan duros de entendederas, se trata de ser de mente e idioma flexibles.
Los americanos le llaman " brain storm", que para este ejercicio se aplica perfectamente, además de ser imprescindible arma de combate.
Porque se combate contra la rigidez y la estructura.  Es como las gigantescas bolas de piedra, que colgadas de largas cadenas, rompen cualquier fortaleza que se les oponga.
Así, de esa manera, también siento que tengo que posicionarme frente a un tema sobre el que hay que decir algo. La cosa no pasa por decirlo de otro modo, o expresar lo mismo con otras palabras.  Creo, que el "quid" para el escritor es el aporte. Agregar algo de la propia cosecha. Aunque sólo sea un puñado de palabras. Pero de algún modo originales.  No en sí mismas, claro, sino en el contexto, en cómo y en donde son aplicadas.
Y básicamente ése es mi deseable modo de entrar al Parnaso, tan mentado y ansiado por todos los que utilizamos la escritura como medio para ser usado por muchas personas. Es nuestro  Prêt-à-porter.
Lo hemos diseñado especialmente para ser leído por muchas y variadas personas con distintos talles y medidas. 
Esmeradamente -la más de las veces- dibujado para ser visto por los demás con agradable disfrute.
Un molde unisex, uniment (vale), "un sayo para muchos talles", como me dijera una vez Lily Jalile, nuestra compañera de foro.
Insistiendo en el concepto: la tela puede ser la misma (lo es la más de las veces), la cosa está en el corte.

Y luego de leer la recopilación de Slictik, (ver El escribir visto por los escritores en La Biblioteca), he decidido apuntarme en la lista de espera para los cursos de corte y confección, y aprender a diseñar también "a medida", que no deja de ser un buen entrenamiento. Hilo hay, sólo tengo que tener suerte en el pajar.                                                                                                                -Hay ,¡Ay!, todavía muchas perchas vacías en mi guardarropa, que añoran -alguna vez- ser usadas. Bernie5422              

27 ene 2014

CONFIDENCIAS

Ni bien se cerró la puerta, sólo quedó en el estudio una tenue luz que se filtraba por los postigones mal cerrados, y que provenía del farol que alumbraba la calle donde vivía Gregorio.
Todo parecía estar en calma, si no fuera porque una casi inaudible conversación se dejaba escuchar,  que se desarrollaba en la zona del viejo escritorio de roble.
Igual que en los dibujitos de Walt Disney, los artículos del dueño de casa tomaban vida y retomaban actividad cuando se encontraban solos.
En realidad -y eso no lo aclaraban los comics-, siempre estaban vivos y compartiendo todo lo que sucedía en ese lugar.  Sólo permanecían quietos y mudos cual si fueran estatuas o estuviesen jugando a ese juego todos ellos, cuando entraba algún humano.
La magia del cine todo lo puede, pero lo escrito es bastante más limitado, y exige muchas imágenes verbales para describir una sola de la pantalla. Por eso dicen que una imagen vale más que mil palabras.
No obstante, la imaginación también todo lo puede, y me valgo de ese artilugio para colarme en el salón y escuchar lo que allí se dice, sin delatar mi presencia.  Esto lo ignora Gregorio (por ahora) y también la papelera, las hojas y las máquinas de escribir.  Cuando digo las hojas hablo de todas ellas: las abolladas; las de la bandeja, y la finalista; y por supuesto tampoco saben de mí ni el ordenador, ni tampoco  la vieja máquina de escribir manual. 
Estoy ubicado detrás del bandeaux aterciopelado que cuelga de la cenefa, justo a las espaldas de la silla donde se sienta el que escribe, y desde allí puedo ver toda la escena y captar hasta el más mínimo detalle. Lo que es de destacar es que si bien todo el contenido del texto que mecanografiara G estaba llenando la hoja, ella no se sentía abandonada porque el hombre (así lo llamaban) lo hubiese copiado en el moderno ordenador.  Todo lo contrario.  Festejaba el   hecho de ser presentada en sociedad como la finalista, y eso le bastaba para mantener su ego bien nutrido, mientras el ordenador estaba ocupado en recibir mensajes de texto y almacenándolos hasta nuevo aviso.
Además, como todavía permanecía en el carro, su postura erguida le hacía tener un papel (sic) preponderante frente a los demás. Como reinando desde las alturas, o al menos eso parecía.
Porque eso lo habían escuchado alguna vez hacía algunos años.  Me compro este nuevo ordenador –le confiaba G a un amigo- pero nunca dejaré mi querida Olivetti. Tiene un sabor especial sentir la resistencia que hay que vencer para teclear, y si le sumamos su propia musicalidad, y me refiero al retroceso del carro y al sonido de alerta que suena a poco de terminar cada línea, pareciera que tuviese algo de vida propia, especulaba Gregorio, y con eso intentaba explicarle sus sentimientos al amigo.
Eso hacía muy feliz a la finalista y a la máquina en ésta particular oportunidad. Ambas se sentían victoriosas.
    _ No necesito decirles, argumentaba la máquina, lo que significa para mí haber acompañado a esta hoja en su momento.  Ya sabía yo lo que me esperaba, pero no tenía la certeza de que se concretara en el mismo día.
Sí, asintieron los demás, con evidente regocijo, el hombre estaba inspirado hoy, más que otras veces.
--Se veía que esos elementos sentían afecto por G, y de alguna manera les tocaba vivir  lo que a él le sucedía.
Eso quedaba claro, y no fue para mí una sorpresa, dado que conozco el apacible carácter de Gregorio.  A su manera, se hacía querer.  A mí me cuesta bastante más lograr lo que él, pero hoy no es mi turno, de modo que….
Y se escuchó a la papelera, que queriendo moderar en la conversación, les recordaba que de aquí a poco vendría la del moño y por unas horas no iban a poder seguir hablando.  Siempre les pasaba esto cuando vaciaban el cesto.
Se iban las abolladas.   Arrugadas pero dignas, orgullosas del  sacrificio, en aras de pulir un incipiente texto, pero faltaban ellas y no quedaba bien seguir conversando, y menos hablar del texto.
---Es que allí se centraba casi todo: en el texto.  Como les dije antes, él se merece como un capítulo aparte en estas confidencias que comparto con ustedes.
El texto merece un andarivel para él solo.  Nomás si estudiamos su estructura,   vemos lo difícil que es el clasificarlo, o mejor aún el definirlo. Por anticipado es imposible.  No lo intenten porque es terriblemente cambiante.
Uno piensa en uno cortito, acuden los pensamientos y amenaza en novela.  Uno se sienta a novelar, y sale un microrrelato.  Se piensa en un poema y se termina en prosa. Y así o peor aún.  Del tamaño de las letras ni les  hablo, ni qué decir del cambiante lugar de los párrafos. Ora encabezando el texto, ora finalizándolo, o metido en algún lugar de la hoja, como perdido. Lo dicho.  Es harto difícil.  Lo mejor es agarrarlo cuando lo envían, o cuando con el punto final lo sacan del carro.  Sólo así  puede uno estar medianamente seguro.
Y otro tema harto difícil es el del título.  Si se logra informar sobre lo que viene, y además oficiar de gancho para el que decide si lee o no ese texto, estamos del otro lado. Se augura éxito.  Ahí se anticipa la creatividad del escritor. Un escrito sin título es como una obra de autor anónimo, o al menos eso opino yo, que soy el que tituló lo que están leyendo. Me cito, como quién dice, pero es así, no lo puedo evitar.  Es el ego el que manda, como les comunicaba más arriba.  Sin ego no hay ni título ni texto, y el que pregone lo contrario, que me llame por teléfono que le haré retroceder de su postura.  Otras  veces  coincide de primera  con lo que se va a escribir y entonces lo aprisiona y le deja sin movimiento alguno, sin cintura para los cambios. Tal vez por eso, algunos prefieren elegirlo después de terminado completamente el famoso texto

Bien, como les anticipara la canastilla (para respetar su doble personalidad)  vino la del moño y cerró ya la negra bolsa.  No hay más diálogo, pero yo me llevo bastante material para mi próxima entrega.  Eso sí, lo prometido es deuda, y de esto sabrán Gregorio y los demás “compa” del foro.  Hasta más ver.  Bernie5422