Pablo Neruda: La palabra

"…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen…" de Pablo Neruda: LA PALABRA

24 ene 2014

LOS ESCRITORES EN EL PARNASO

Nuestro querido moderador Slictik, el que nunca reposa, nos ha abierto un nuevo hilo, imaginando un lugar -nuestro Parnaso- donde escribir a troche y moche, al modo y gusto de cada uno. Hice dos entregas y las comparto con ustedes. En ese lugar habitan los dioses y las musas. Él se rebautizó Résec, que no es otra cosa que César al revés, que es su verdadero nombre, y con ese apelativo es un semidiós en el Parnaso. Ahora los textos:

                                          NIERBE, EL BISÍLABO

Le llamaban Parnaso, pero le tenían puesto un apelativo con el que todos se habían puesto de acuerdo: Parnaso el trisílabo.
Tal mote se lo había ganado por votación, y en ella por abrumadora mayoría, pues decían que los dioses letrados que allí vivían, podían con sólo tres sílabas escribir o describir lo que se les antojara.
Lo maravilloso era que a partir de la tercera – que era elástica- se podía llegar hasta la palabra más larga que se quisiera inventar.
Para eso son los dioses, claro.  Tal cosa no estaba en tela de juicio.
De algo parecido disfrutaban también los semidioses, que no eran dioses sólo al cincuenta por ciento al pie de la letra, porque su segunda mitad también era elástica, y a veces, pocas, podían estirarse y lograr textos que los convertían en dioses completos todo el tiempo que duraba la lectura de lo escrito.  Luego, todo volvía a las dimensiones originales.
Disfrutaban de estas especiales condiciones todos aquellos que se vieran necesitados de utilizar la escritura, como si fuese la varita mágica de las hadas terrícolas, y transformar la realidad en una realidad ficticia o, hacer que la realidad escrita fuese más elocuente que la mayor fantasía a experimentar.
Era de lo más complicado, pero todos decían que se les antojaba de lo más gratificante el resultado de la tarea emprendida,
Sólo los dioses podían comprender cabalmente semejante afirmación.
Antes de ser dioses completos, a ellos les sucedía algo parecido.
La mitología nos enseña que las reglas que se establecieron allá a lo lejos en el tiempo, establecían que se convertirían en dioses aquellos semidioses que hubiesen escrito una cantidad tal de textos, como para ser pasibles de ganar una de las estrellas del firmamento.
A más cantidad de textos presentados, más cantidad de estrellas, y sin límite de acumulación.
Cada dios lucía delante de él, como levitando, a la altura del pecho, las estrellas ganadas, y de esa manera los semidioses sabíamos la conducta que teníamos que tener frente a cada uno de ellos.
Eran nuestro referente. No era preciso creer en los dioses.  Ahí estaban, al alcance de la mano, como quién dice.
Como quién dice, es inexacto o da lugar a confusiones.  Porque tan al alcance de las manos no lo estaban, ya que los semidioses no podían entrar por su propia voluntad a ese monte.
Pero siempre hay uno a quién nada le importa y es amigo de cualquier exceso, y así le fue.
Rásec era un semidios con tantos escritos y tan extensos, que se había ganado el mote de Rásec  el prolífico.  Le gustaba siempre estar azuzando a los demás semidioses con diversas formas de desafíos letrados, tanto que ya se había ganado un lugar cercano a los dioses.
Acorde con su personalidad rebelde, cuenta la historia, que desoyendo la prohibición de penetrar en el monte, ingresó a él sin permiso, y además dispuesto a quedarse un tiempo largo a juzgar por la cantidad de provisiones que llevaba en sus alforjas.
Hasta tenía puestas las sandalias especiales para subir al citado monte.
No sólo no lo pudo escalar todo, sino que además de perderse por el camino, los dioses se enojaron con él, y en penitencia le obligaron a cambiar de mote por uno que fuese impronunciable, y apenas se pudiese escribir sin antes dudar si la C iba antes o después de la K.
Un castigo ejemplar, aunque es tal el amor y la pasión que siente  por las letras, que no sufre mucho por estar junto a los semidioses. Es sabido por otra parte, que en segunda clase se divierte uno mucho más que viajando en primera.
Por otra parte, si nos consultan, seguro que le pediríamos a los dioses indulgencia, pues se ha ganado el afecto de todos nosotros.
Como disculpa, siempre arguye que él sólo quería imitar o seguir los pasos de su verdadero dios, un tal Cervantes, que sí pudo entrar al monte en lo que dio en llamar su “Viaje al Parnaso”.
Como se habrán dado cuenta, quien les está relatando todo esto, no es ni más ni menos que Nierbe el bisílabo, que hasta para inventar el nombre le copié a Rácec, a quién admiro, y que espero no se indisponga conmigo por haber puesto en evidencias sus características personales.
Ahora dejo éste relato, pues entre los desafíos que tenemos que enfrentar los semidioses que aspiramos a un upgrade  (del griego subir un peldaño) está el de enamorar a la diosa Musa, y nosotros inspirarle a ella el deseo irrefrenable de soplarnos al oído algo que nunca hubiéramos imaginado u oído sin su ayuda.
                                                               Nerbie5422 
Y ahora el otro..............

                                          MÉNAGE A TROIS

La pacatería no es un don apreciado por los dioses, y quién la detentara como propia sería castigada al modo en que los dioses lo hacen: con un hechizo.
Y así fue como le sucedió a Hajo, con H, una diosa embrujada, una diosa encadenada a un castigo, una diosa extremadamente hermosa y deseable,  que sufría la pena terrible de estar íntimamente ardiente de pasión desenfrenada, pero sin poderla evidenciar a quién la mirase, y sólo se rompería tal hechizo cuando le escribieran sobre su cuerpo el texto más erótico jamás visto u oído en el Parnaso.
Siempre sola, incapaz de jugar con las otras ninfas.  Todo le estaba vedado por su condición de pacata. Siempre cubierta de rubor, siempre los ojos bajos, y la mirada huyendo de las escenas libidinosas que se veían por doquier. Pacata por fuera y una fiera desenfrenada por dentro.
¡ Ah dioses del Parnaso!  Exclamaba en un grito mudo y reprimido.
¡Escribid, escribid , escribid, hacedlo tanto, hasta que a alguno se le ocurra aquél relato que me libere de mis cadenas del deseo, y me llene de letras sin vergüenza, de tal modo expresadas, que me transformen en el cuento erótico jamás pensado y escrito, que me revelen por fin -rompiendo el hechizo- en la que más deseo: en la hoja inmortal, en la hoja inmoral, en la reina del orgasmo escrito, en la más satisfecha.
Y así, con ese destino, deambulaba la diosa más hermosa, la más ansiosa. Una DIOSA con mayúsculas.
Porque nunca antes y nunca después alguien podría tener el más maravilloso sexo, como el que disfrutaría el que lograse sobre su piel poner el tan ansiado texto. El más perfecto “menage a trois”; el trío imbatible; el triángulo perfecto: una hoja, un escritor, y un relato.  El relato inmortal escrito sobre la hoja virgen más famosa del Parnaso. Nada supera al orgasmo escrito, y ella lo sabía (era su secreto), es perfecto, y se obtiene todas las veces que acudas a la hoja, y se repite sin cansancio cada vez que se la lea toda. Un orgasmo de los dioses, como se suele decir. Sería una de las pocas veces en que la ficción superaría a la realidad. Y eso está reservado sólo a los semidioses, y sólo uno será el ganador.
Me siento a competir. Pluma en mano, los ojos con una mirada perdida en el cielo, la mente vagando en el éter, y un rezo clamando piedad a los dioses. Piedad para con este escritor enamorado de Pacata la inorgásmica, o Hajo con hache como la llamamos acá. Dejadme romper el hechizo, que muero de amor. Alguien que me sople aunque sea una línea, después yo sigo.
Y así están las cosas en el Parnaso y sus alrededores.  Ella vagando sola y ellos escribiendo.  Que los dioses se apiaden de ambos. Eso, también es un deseo. Nerbie5422

16 ene 2014

CONFESIONES CONTENEDORAS

Y aquí estoy. Acaba de entrar la señora de la limpieza, la del moño azul, la que todos los días me trata como el último orejón del tarro. Realiza toda su tarea a buen ritmo, y para finalizarla echa toda la basura en una bolsa negra grande, de esas que se usan en los consorcios, y finalmente me vacía dentro de ella.
Y allí quedo otra vez, al lado de viejo escritorio de roble, donde reposan una vieja máquina de escribir, un ordenador de última generación junto al cenicero de grueso cristal, y la bandeja de plástico repleta de hojas en blanco.
Todos a la espera del hombre. Cuando él entra, siempre la misma rutina. Se sienta, enciende un cigarrillo tras otro, luego se levanta, camina en círculo rascándose la nuca ( siempre que piensa lo hace), y de pronto se sienta de nuevo, como decidido a escribir. La más de las veces lo hace en el ordenador, pero a mí lo que mas me gusta es cuando desenfunda la vieja Olivetti. Ahora que lo digo, me gusta la música que saca de ella. No sólo el sonido de las teclas castigando la cinta bicolor, sino también la alegre campanilla que suena al término de cada línea, como lo hace el que en la orquesta toca el pequeño pero sonoro triángulo. Y de nuevo el retroceso, para una nueva línea, que me recuerda al bajo continuo antes de comenzar el recitativo.
Y quedo atento, pues me puede tocar a mí.
Brusco, casi rabioso, arranca de un tirón la hoja colocada en el carro, y hecha un bollo me la tira adentro, como los jugadores de baloncesto, cada vez acertando pues le quedo al lado. Así cualquiera. Es entonces que participo en el asunto.
Sucede que sin comprender mucho la cosa, ellas (las hojas) sienten una profunda tristeza al ser así abandonadas. Y yo tengo que inventar explicaciones para mitigar su angustia, y tratar de elevar su autoestima.
Entonces les explico, les hago creer, que ellas son las precursoras de un gran relato, y que sin su aporte nada de eso se hubiese podido lograr. Que esa era su gran misión, y así, de ese modo, ellas misma se van secando sus lágrimas, y se quedan mas tranquilas, resignadas a correr con su destino. No lo puedo evitar, la solidaridad me puede. Soy, de alguna manera como el celador escolar, que en cada recreo se despide de sus alumnos para esperarlos y cuidarlos otra vez cada día.
Por suerte siempre encuentro alguna hoja con capacidad de escuchar, y puedo-también- volcar en ella mis propios problemas. Sucede que desde que me fabricaron, cargo con un complejo de género pues no sé si debo ser canastilla o cesto de papeles. Cada uno carga su cruz, la que le toca asumir.
Pero no puedo seguir con ustedes, pues mientras esta charla tomaba carácter, ya me han tirado como tres, y sus incipientes sollozos no me la dejan continuar.

 Parece que hoy va a ser uno de esos movidos días, en que me hallo -al final- repleto/a de hojas ya mimadas y por fin tranquilizadas. Será pues, hasta mañana si Dios quiere.

11 ene 2014

¡¡¡BAJÓ LA MANZANA!!!


Coreado de ese modo, al estilo de cualquier feria vecinal de frutas y verduras, parecería una banal situación de oferta y demanda, de mercadeo sencillo, en donde  se intenta aumentar la demanda con sólo hacer una rebaja en el precio del artículo a vender.
Otra cosa es en boca del genio Isac Newton, que como todos los de su profesión, sólo estaban preocupados en descubrir las leyes físicas que organizan y mandan a los elementos de la naturaleza. Y para él no hay más gravedad que esa, en el tema que nos ocupa. La famosa “ley de la gravedad” está dirigida a saber cuál es el destino, y a qué velocidad logra llegar a él el fruto del manzano. Y nada más. La cosa moral o ética aparentemente no entraba en el juego.
En cambio, el que inventó esa fuerza, mas todas las gravedades posibles, se ve que no opinaba lo mismo. Que la manzana se desprendiera del árbol, cómo; cuando; y quién ejercía la presión necesaria para que esto sucediese, era de vital importancia, y la gravedad estaba en juego. Y como veremos, el destino de la raza humana también.
Y no se pagaba el precio solamente por adquirirla, no señor. Cuando la mordías, y sólo a partir de ese momento se hablaba del verdadero precio de dicha fruta. Parecería que la tal inocente manzanita, llevaba consigo el especial atractivo de representar el irrefrenable deseo carnal, personificando  el pecado original, nada menos.
Me detendría  un momento para intentar entender algunas cosas, referentes a la denominación original de los elementos, y éste en particular.
El maracujá o fruto de la pasión en realidad le robó el nombre a la manzana, según yo veo. Si la pasión se concretaba con sólo morder de la fruta del manzano, en realidad debería ser su fruto llamado así y no el del maracujá. Pero los caminos del señor son…..y no creo ser yo quien pueda develar todos sus misterios. Pero que me queda ese reproche en el garguero, me queda. Hay cierta incongruencia, no me digan que no.
Después, todo el tema del destino de la raza humana, que no sé qué hubiese sido de él si Adán controlaba su predilección por la dieta de frutas en compañía de Eva, el otro comensal allí presente. ¿Cuántos seríamos ahora? Otro de los insondables misterios. Porque los leones y leonas podían procrear leoncitos, y los corderos podían ver crecer sus corderitos, y todos en paz. Pero y los hombres…, ¿cuándo verían a sus hombrecitos?. Eso me pregunto yo.
Al fin y al cabo, era una cuestión de sólo bajar el precio de la manzanita, como pasa en nuestros tiempos y desde hace ya muuuucho tiempo, pero no gracias a Dios, claro. Que la cosa no sea tan grave y que además se haya multiplicado en forma exponencial el número de oferentes y demandantes, no sólo influyó en el costo del producto, sino también en los efectos secundarios que se producen al probarlo.
El sexo es maravilloso. ¡Qué chocolate ni que ocho cuartos; ni caminata al sol en la ribera de la playa…, y dale con las endorfinas! Una buena encamada y todas las gravedades caen por su propio peso, valga el comentario concluyente. Sólo hay que ver la cara de satisfacción de los consumidores, en adelante los pecadores.
Y en esa estamos. Primero nos crean, después nos inyectan el deseo junto con la prohibición, y para colmo de males, agregan el máximo castigo, y arréglatelas como puedas. Para peor, Adán y Eva no tenían muchos con quién consultar. Y la vecina, como casi todas, era una víbora, y no se podía mucho uno confiar en sus comentarios. Estaban solos, a la buena del señor, como se dice. Como se dice mal, corrijo. Al menos en éste particular caso.
No lo termino de entender, como dije. Te otorgan el libre albedrío, pero preparate para la paliza si lo ejercés. No era fácil. Y no se podía follar escondidos en el follaje (que de ahí viene su nombre) a escondidas, Él todo lo sabría, tarde o temprano.

De modo que debo concluir que todo se lo debemos a esa audaz parejita, que dispuesta a pagar el más elevado precio al que ha llegado históricamente una sola manzana, nos ha hecho muy felices, o al menos satisfechos, la mas de las veces. Alabados sean.
                           Bernie

8 ene 2014

DOS A FALTA DE UNA

Lanviga realizó esta foto que fue seleccionada y que tituló "Bicéfalo". Me sugirió éste texto:
                                                                      ............................................................................................                                                                                             
El refrán dice que “hombre prevenido vale por dos”, pero eso no asegura que a la hora de sacar la cuenta, eso signifique necesariamente una ventaja. Todo va a depender de en qué terreno se pretenda triunfar. También se sabe que “el que mucho abarca poco aprieta” o que no es fácil dar batalla en varios frentes a la vez.
El olfato; la agudeza de la visión; la sensibilidad de la audición; la intuición y los rápidos reflejos no lo son todo. Para ser ganador se precisa del oponente, como en el yudo. En esa técnica de lucha milenaria, se aprovecha de los movimientos del contrario para neutralizarlo. Saber los costados débiles del adversario y conocer sus fortalezas, otorgan importantes resto para el desafío, sea el que sea.
De una manera u otra, todo esto forma parte del saber popular, y no merece mayores explicaciones.
Ahora bien, que se sepa aplicar correctamente, eso, es “harina de otro costal”.
Podemos tomar como ejemplo el hogar de los Herac, donde viven Lerna y su marido Julio, y echarle un ojo. Es un piso en un barrio céntrico de la ciudad, en la esquina mismo de Robles y Gral.Santander, a un paso de todo. Con mencionar que ella va a trabajar y al gimnasio en bicicleta, está todo dicho.
Él, en cambio, se desplaza en tren, pues trabaja de traje y corbata en el banco, e ir y volver en bici no le cuaja, ni tampoco habría donde dejarla. Como buen bancario, es metódico, puntilloso, celoso del orden de las cosas y harto controlador. Tercera generación con el mismo oficio y en consecuencia los mismos patrones de conducta. Puntual para comer, para irse y para volver; siempre atildado en el vestir, y celoso de su prolijo y excesivamente corto corte de pelo. Celoso no sólo de su cabellera, sino además de su entorno: llámese Lerna. Desconfiado diría, como el animal del bosque, siempre atento a cualquier movimiento que salga de lo normal o que lo ponga sobre aviso de algún peligro para su acostumbrada tranquilidad. Inseguro, presto a la lucha más que a la huída, presentaba más batallas de las que tenía que enfrentar, y la mayoría de las veces las perdía. Es que Lerna era una mujer de carácter fácil de llevar, pero con un sentido de la justicia tal, que desafiaba altanera cualquiera de los avances posesivos de su cónyuge. Esto calmaba las aguas la mayoría de las veces, pero, “tanto va el cántaro a la fuente…..”, que el hastío iba tomando forma y cuerpo en la falsamente acusada mujer. De esto, él ni por asomo se daría cuenta, pues Lerna bien que lo ocultaba.  
En las parejas suele haber uno de los integrantes que efectúa un balance cada tanto, y muchas veces opta por el “status quo”, y que todo siga como hasta ahora. Pero esa evaluación paga un precio. Oí cierta vez que si se clava un clavo en una madera y luego se extrae, queda la marca en forma indeleble al paso del tiempo, y a mayor cantidad de clavos, más heridas en la madera son el saldo. Así pasa con las relaciones entre los humanos, y la metáfora se convierte en profecía que se cumple.
Julio no lo tuvo en cuenta, y Lerna no fue la excepción. Algo cansada de defenderse y de ser acosada y acusada, dejó pasar por alto algunos requiebres de sus compañeros de trabajo, y algún que otro lance de sus colegas del gimnasio, hasta que le llegó la hora. Y aquél que ya no veía más la oportunidad  de su momento, vio coronada por el éxito su larga espera. Y tomaron por fin aquél café, tantas veces pospuesto delicadamente por ella. Y lo tomaron después de, y no antes. Todo sucedió entre la salida del trabajo de Lerna y la entrada al club. Y el controlador no lo supo. Y no lo pudo saber a pesar de sus cuatro atentos ojos, de sus sensibles cuatro oídos, ni lo advirtió su duplicada y fina intuición, ni tampoco su olfato de cuatro narinas, como él se ufanaba de tener.
Será el último en enterarse (de ser el caso) y lucirá-ignorante- encima de sus dos alertas cabezas (siempre mirando a cada lado para no perderle pisada a Lerna), una preciosa doble cornamenta que, además ahora, le pesa tanto que para colmo de males ha enlentecido -también- sus habituales y hoy inservibles reflejos.

Finalmente, si éste texto llega a alguien que lo identifica, espero le sirva de lección.

22 dic 2013

EN LA VILLA DE LOS VILLANOS

                                                                                   
   -He revisado minuciosamente la historia de los comics o de las tiras cómicas, o de los dibujitos, o las revistas de chistes o como los quieran llamar, y siempre estamos frente a una historia -o a varias de ellas-, en donde entran en pugna más o menos de manera parecida, los malos y los buenos. Los buenos son y serán siempre los buenos, y toda tira cómica que se precie de tal, tendrá su o sus buenos villanos. Buenos en el sentido de villanos como Dios manda, con todos los atributos necesarios para concretar diversas maldades, como por ejemplo birlarle la novia al bueno; o quitarle todo el dinero a algunos o a muchos; robar bancos, asaltar diligencias, amordazar y encerrar en tenebrosos lugares a los buenos, desarrollar altas tecnologías para poder  manejar unos pocos el poder de los muchos y, -para beneficio personal- con diferentes y originales artilugios parecidos a los antes mencionados, convertirse en los amos del mundo.
  “ Amo convertirme en el amo del mundo, -dicen carcajadeándose con esa risa que los iguala-, pero amar, no amo a nadie más que a mí y al poder que de mí emana”.
La cosa tal como está planteada en el libreto, es que todas y cada una de las historias tiene un desarrollo tal, que le deja al villano de turno armar y desarmar todas las felonías de las que es capaz, y para cuando uno cree que se sale con la suya, el guionista “le encuentra la vuelta”  y logra que los buenos –con la ayuda del buenazo o buenaza- desbaraten todos sus maléficos planes.
Sólo con fines didácticos sugiero que vayamos al significado de la palabra (villano) de acuerdo a lo hallado en google:                                                                                                                                                   villano, -na adj./s. m. y f.
1  culto Vil.
 adj.
2   Se aplica a la persona o acción que demuestra falta de educación o de cultura: no puedes ir a un restaurante de lujo con esos modales villanos. tosco.
 adj./s. m. y f.
3   Se aplica a la persona que, en la Edad Media, habitaba en una villa perteneciente al estado llano (campesinos, comerciantes y artesanos, fundamentalmente): los villanos se distinguían de los nobles e hidalgos.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

villano, -na 
adj.-s. Vecino del estado llano en una villa o aldea, a distinción del noble o hidalgo.
adj. fig.Rústico o descortés.
fig.Ruin, indigno.
Díc. de la clase social campesina medieval que cultivaba pequeñas parcelas de tierra cedidas por un señor, a cambio de determinadas rentas y servicios personales.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

villano, -na (bi'ʎano, -na) 
abreviación
1. infame que actúa o es capaz de actuar de manera cruel y despreciable Es un hombre villano y desalmado.
2. rústico que demuestra falta de educación El joven tiene modales villanos.

villano, -na 
sustantivo
 masculino-femenino
1. malvado malo persona que actúa o es capaz de actuar de manera cruel y despreciable Es el villano de la telenovela.
2. habitante de una población que antiguamente poseía ciertos privilegios Los villanos se levantaron en armas.
Copyright © 2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos
villano, villana
adjetivo y sustantivo
1 aldeano, lugareño, rústico, basto, grosero, descortés*.
Aldeano y lugareño se utilizan en la lengua medieval y clásica. Todos los demás, por extensión.
2 bajo, ruin, vergonzoso, indigno, infame, infiel, desleal, traidor, doloso.
Se aplican a las personas o a sus acciones, comportamientos, etc.
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
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Que los que dominan, y se autodenominan amos, y vivan por encima –en todos los aspectos- de los que moran en los valles, sean los buenos, y los demás los villanos, parecería a primera vista sólo una distribución (discriminación) geopolítica. Si vives en una villa eres un villano. Perfecto. Hasta gramaticalmente impecable. Nadie se podría quejar de tal denominación.
 Luego aparece, como salido de la nada, una segunda acepción, que asocia al villano con lo ruin, lo basto, lo grosero, lo malvado etc…. ¿Quién creería que esa sinonimia fue creada por casualidad? Si vives en una villa, donde no mora el señor, eres un ser sin modales, sin alcurnia, sin tierra (sólo la que te cedieron). Sin educación formal, sin segundo idioma, y ahora para colmo de males eres un villano villano. Es decir un villano malo. Doblemente villano. Todo lo que digas o hagas será usado en tu contra a partir de ahora.
¿Por cuál arte de magia los que viven arriba, llenos de lujo y de vida disipada, sin apremios económicos, dueños de las tierras, de las letras y de las religiones, del manejo del diccionario y de las lenguas, son los buenos, y el resto –el pueblo todo- son los villanos, de ahora en más los malos? ¿Y porqué se sigue usando esa doble, artera, discriminatoria y falsa sinonimia? Vaya uno a saber.
Porque cuando alguien dice que alguna persona es un villano, a nadie se le ocurre que lo dicen porque vive en una villa. O que reside en las tierras bajas. No señor. La segunda acepción ha desaparecido. Se ha mudado, y no se sabe adónde.
Ahora, curiosamente – y no tanto- sólo queda para los que abusan de su poder, y que con él manejan sus intereses personales apropiándose de los intereses de los más, –que son los que tienen menos- la chance de vivir en el llano, a la vera de la mar, y desde el llano comandar a los que ahora moran en las alturas, pero no dominan nada más que una mejor vista dirigida hacia las hermosas propiedades de los verdaderos nuevos villanos. Como ejemplo se pueden citar las “favelas brasileñas”, tan tristemente famosas.
Caben otras alternativas de distribución, no hay que hacerse falsas expectativas. Por ejemplo cuando las mejores tierras bajas que bordean el mar, y las más altas que rodean las ciudades, son las que habitan los que pueden acceder a ellas, por su elevado costo, y el resto, de relativo bajo costo, las ocupan los demás, se plantea un nuevo escenario.
Entonces, ahora…,¿quiénes son los villanos y quienes los buenos? Si los que detentan el poder y  manejan el dinero, y todo lo demás, viven en el valle y también en las alturas, son a la vez villanos y buenos, la cosa se complica.
A los demás se les complica. A ellos no. Ellos lograron ser buenos, pero villanos, aunque predomine la idea de que son lo primero.
¡Felicitaciones! Han conseguido manejar la distribución de las mejores tierras a su antojo; la posesión del dinero (bancos etc.), y de las letras (radio, televisión, telefonía, etc.), y de los credos (filling the blank ), y además disfrutar de la imagen del bueno, siendo unos verdaderos villanos, vivan donde vivan. Realmente hábiles. 
El excelente humorista “Quino” representa en un tablero de ajedrez,  -lo que trato de explicar- a las únicas tres piezas negras que quedan jugando la partida, vestidas de negro, arrinconadas en las pocas casillas que quedan, y el resto del tablero repleto de mecánicos, oficinistas, panaderos, maestros y maestras, mujeres y niños, en fin, gente común, gente de pueblo, representando a las blancas. La leyenda “terrible” debajo del dibujo sentencia: “juegan las negras, y dan Jaque Mate cuando se les da la gana”.

Eso es lo que sucede en la vida real, no en los comics. En los dibujitos se plantea otro final. En la ficción se hace realidad el deseo de su revés; de su decepción; de su caída; de su fallo; de su descalabro; de su malogro; de su naufragio; de su hundimiento; de su aborto; de su bancarrota; de su derrota; de su fiasco; de su frustración. Y en ésta villa en que moran los villanos, en ésta misma en la que todos vivimos, ellos fracasarán. Los meterán entre rejas. Los demandarán públicamente; develarán todas sus fraudulentas maniobras; descubrirán todas las atrocidades sexuales de las que son capaces, y más. La falta de ética y de moral social quedarán -por fin- a la vista de todos. Un “escrache” con todas las de la ley.

Yo quiero vivir como en el mundo de los dibujitos, alguna vez en mi corta existencia. VOTO  por ello, no sé si me explico.

12 dic 2013

CHOCOLATE POR LA NOTICIA...¡Que no es uno, que son miles!

"La caída de un imperio" . La foto es de Israchamorro, es en blanco y negro, y es la ganadora del mes de noviembre 2013. Está editada en el Magazine de Sonymage.
Me inspiró el siguiente texto:

Nada ha cambiado, nos lo enseña la historia. Cuanto más grandes son, más ruido hacen al caer. Y la gente de pueblo siempre queda del lado de afuera, por suerte. Terminamos al fin siendo simples espectadores, tanto del ascenso como de la caída, se tome el tiempo que se tome el poder de turno entre una cosa y la otra. “Pan y circo” o pasteles y vidriera, el escenario que prefieran estar viendo, es igual. Mujeres y niños; grandes y chicos; “viejos peludos y pelados”; los que usted prefiera, todos alguna vez estarán, felizmente, parados detrás de la vidriera viendo caer el castillo de naipes. Porque lo edificaron con “ases y reyes”, pero igual se abaten, lo quieran o no. Está en su inextricable destino. Lo saben ya, el pasado se los dijo, e igual lo quieren edificar.
Está, parece-ya lo sabremos algún día- metido en la estructura genética que heredamos de nuestros antepasados: el ansia de dominar, y también la resignación de dejarlos hacer.
Por suerte, en los cromosomas está toda la información, y la memoria de los tiempos pasados aflora de todas maneras, más tarde que temprano-¡lástima!-pero aflora, y es imposible de contener o de parar. Existe la resignación, pero existe también la pulsión de la resistencia y de la rebeldía, y siempre a costa de precios que no importó nunca pagar. Si no los pagamos en esa ocasión, igual algo o alguien nos  lo termina cobrando de algún modo. Y nos siguen dando el dulce (o sólo mostrándolo), y les seguimos diciendo que lo queremos. Tenemos una especie de doble discurso temporal. Lo que pasa que los confites son tentadores, y el azúcar tiene ese efecto como el chocolate: algo adictivo, por decirlo de modo que se entienda. Hay explicaciones más enjundiosas, pero son difíciles de hacer entender. Por eso a la foto me remito, pues... “Una imagen vale más que mil palabras”, y más que las trescientas veintisiete de éste texto -por ende-, también.
                                                                                                                                Bernie

                                   




10 dic 2013

RESPONDIENDO A LA CONVOCATORIA

Escribía nuestro moderador Slictik: Hola amigos: Me gustaría que estas fechas navideñas fueran muy especiales para todos los "sonymageros". Aparte de otras actividades navideñas, me gustaría que los escritores, poetas y todo aquel que se nos quiera unir nos juntáramos en una maravillosa cabaña, en un bosque nevado, donde nos calentaríamos al fuego de la chimenea alimentada con troncos, donde cada uno llevara sus alimentos preferidos y sus bebidas navideñas y bromeáramos, haciéndonos regalos, montando el árbol navideño, el belén, saliendo a tirarnos bolas de nieve, a recorrer el bosque nevado en trineo a jugar con los animales en buena compaña y sobre todo a contarnos cuentos, recitar poesía o simplemente contar nuestras historias navideñas, cerca del fuego, con una copichuela en la mano, en paz y camaradería

Y MI RESPUESTA:
Amigos, amigos, vengan hacia acá y miren para abajo!, dijo el flaco de pelo largo. Al punto, los doce hombres dejaron sus lugares en la gran mesa que los juntaba, y respondiendo al llamado, curiosos, rodearon al muchacho y miraron hacia donde les indicaba.
A medida que se abría y se cerraba la puerta de aquella pequeña cabaña de piedra cubierta de nieve –que parecía sacada de una foto- y quedaban sobre la nieve hundidas las huellas de las personas que iban llegando, la expresión del rostro del flaco iba cambiando del asombro a la alegría, y rodeando con sus brazos a sus compañeros reflexionaba contento: eso es lo que pasa con algunos hombres en la tierra; están rodeados de pequeños milagros, pero no los viven como tales, y pierden, a veces, la capacidad del disfrute y del asombro, que no es el caso.
Se darán cuenta, prosigue, que lo que estamos viendo existe y no existe, es a la vez irreal y real, pero nadie lo siente así, o mejor aún, nadie lo quiere vivir así. Está el lugar lleno de emociones nuevas y de nuevos encuentros a cuerpo presente, más allá de donde estén en éste preciso instante sus verdaderos protagonistas. Se siente el crepitar de una leña artificial que arde, y la canasta de alimentos y bebidas la trae un personaje creado (y denme crédito, que de eso yo entiendo) por uno de los visitantes , que a la vez es imaginado por un escritor que aún no ha llegado, pero que se convoca a través de otros dos (uno es un millonario, y el otro representa a un fulano verborrágico y comilón, según su propia definición). Vean, y admiren con asombro, cómo es posible aún en estos tiempos -si hay voluntad- juntar lo real con lo imaginario, hacer cumplir los deseos viviéndolos y palpándolos como logros animados, y todo eso sucede antes de que suceda. Si esto no es un milagro, que venga mi Padre y diga, propone, dirigiendo su brazo y su mirada a un lejano butacón, donde estaba sentado el que todos allí conocían.
Es que sólo hace falta eso, como ya muchas veces les he dicho: el deseo de que algo se concrete, es la real fuerza creadora. El verbo es creador, y nuestros pensamientos y nuestras palabras sus instrumentos. 
Pero díganme si me equivoco, pues todavía ni siquiera es Navidad, yo aún no he nacido, y ya siento el ruido de las botellas descorchándose, el crujir de los turrones al partirlos para el convite, y las voces entremezcladas conociéndose y reconociéndose alrededor de una mesa (igual que nosotros) apostolando por la unión de los hombres y las mujeres para una tierra llena de paz y de armonía.
Es fantástico, de veras, que con un simple artificio electrónico, lo hagan posible. ¿Qué hubiera sucedido de haberlo sabido usar en aquellos tiempos? 
Bueno, lo hecho, hecho está, y no se puede volver atrás. El libre albedrío de esas personas definirá el final de esta real irrealidad.
Parecen ser personas de buena voluntad, a juzgar por sus actos. Propongo darles crédito, al menos, hasta el veintiséis, que es un jueves, y desearles que pasen felices fiestas. 
Y dejando que todo aquello que pasaba allá lejos, siguiese su rumbo deseado, volvieron sus pasos al lugar de origen.
Y allá lejos, pero ahora muy cerca, todo nacía y crecía: la llama en la estufa, el afecto entre las personas-personajes, y un calor que fundiendo la nieve alrededor de la cabaña asemejaba un halo de esperanza rodeando la raza humana, representada por los que quedaban dentro. 
Desde la ventanuca del costado se podía ver a uno de ellos que abriéndose paso, tomaba lugar diciendo: 
-Bueno amigos, éste (se supone), soy yo, Bernie. Si me dejan un lugarcito, acá cerca del fuego, comenzaré un pequeño relato verídico –un regalo sin moña ni papel- muy apropiado para estas fiestas, en donde se conmemora y se honra el nacimiento, la integración familiar y porqué no, el sentir ecuménico, que en nuestro caso particular, marca el tono de innumerables navidades festejadas año a año en mi casa (sea donde sea que estuviese) y siempre con la misma gente.
Reunidos alrededor de la mesa estábamos todos los veinticuatro de noche las dos familias: los Haber y los Muller y las abuelas de cada una de ellas, mi suegra Coca, y Esther, la suegra de mi amigo Meny.
Rosine (la gringa) y sus tres hijos: Mark, Tamara y Nathalie; la dueña de casa (mi esposa Zaira), y nuestros tres hijos: Matías, María Eugenia, Ana Inés, y yo, el judío Haber, que soy yo.
Han marcado –esas citas- un hito y una tradición insoslayable, y les contaré porqué. Cierto día y a punto de ahogarse en una peligrosísima playa esteña - por esas cosas del destino-, Zaira logra salvar la vida de Rosine, impidiendo que se ahogase. Desde ese momento, la madre (judeo-árabe) le dice a mi esposa que le debe la vida de su hija, y a pesar de ser judía religiosa, comienza a venir a nuestra mesa navideña, sin faltar a ninguna. Y con ella, el resto de nuestra familia-amiga. Por esa razón, y al no poder poner a la mesa ningún producto derivado del cerdo (por respeto a sus costumbres), yo asaba en esa oportunidad siempre un cordero, que era la predilección de doña Esther. Sobre la mesa navideña, alhajada con todos los motivos para la ocasión, había siempre una fuente de chinitos ( huevos duros rellenos, cortados y decorados de tal manera que parecían chinitos con sombrero y todo), la ensalada rusa ( papa, arvejas y zanahoria), los infaltables tomates rellenos de atún y mayonesa, ensaladas varias, frutos secos y alguna carne que siempre acompañaba en la parrilla al cordero de turno.
El hecho de ser yo judío, y mi mujer cristiana ( muy afín y apegada a las fiestas tradicionales, judías o no) le daba a esa mesa un tinte especial, pero que de los puramente cristianos –Coca y Zaira- las nueve restantes personas no lo fueran, lo hacía aún más destacable. Ecuménico le quedaba chico, como suele decirse. Era realmente la integración judeo-cristiana un hecho. Es cierto que anudada firmemente por viejos lazos de amistad. Conocí a mi amigo Meny a mis nueve años, y él conoció a Zaira a los dieciocho, y nosotros conocimos a la gringa a los “veintipico”, cuando vino de Londres a casarse con el uruguayo. Bueno, no será estrictamente un milagro, pero es milagroso, y así lo sentimos todos cada vez que nos reunimos otra vez.
La vida y sus circunstancias han achicado la populosa mesa, pero los que seguimos cerca, no faltamos a la convocatoria. Y otro milagro más para la lista: cerremos los ojos, recordemos lo que les contaba en “algo más que palabras”, rememoremos la foto que les subí de nuestra casa y entren, coman y beban. A las doce –porque es tradición- daremos rienda suelta al gozo, y en apretado abrazo nos desearemos (al mismo tiempo que acá) feliz navidad. Que así sea.